Presento a lo largo de esta obra un redescubrimiento hacia uno de los autores clásicos más relevantes del Mundo Romano, y que, sin embargo, a día de hoy envilece en un segundo o tercer plano, oculto por otros cuantos historiadores, poetas y oradores de gran renombre.
Presento aquí a Floro, autor que si es conocido, de muy mala gana, es por su Epítome, pero no por sus Canciones. Es así que aquí, en estas páginas nos dispondremos a hablar acerca de quién fue este romano, cómo fue la Roma donde le tocó vivir, y, sobretodo, hablaremos de sus Canciones, a las que yo más bien llamaría epigramas por su brevedad y concreción temática. Canciones, que vería absurdo volver a traducir al castellano y volver a interpretar, cuando ya un mejor y más ávido traductor hubiera hecho, pero el caso es que no existen traducciones de las Canciones de Floro, no a ninguna lengua que no sea, de manera incompleta y fragmentaria, el inglés. Es por eso que aquí, plasmo por primera vez en castellano la voz de Floro, del Floro poeta, que viene a nosotros desde principios del Siglo II D.C. a cantarnos acerca de Roma, la naturaleza y el amor.
Presento aquí a Floro con una labor mucho mayor a la mera traducción de unos cuantos versos y versículos, sino como la revitalización de una figura injustamente olvidada y más injustamente inexplorada a la que espero que poco a poco la Historia lo vaya rescatando de sus cenizas.