Escondida en la cima de la colina Al-Sabika en Granada, regi n de Andaluc a, Espa a, al lado de la rumorosa corriente del r o Darro, hay una estructura majestuosa con vista a la encantadora ciudad y a los m sticos prados de La Vega. Esta fortaleza palaciega y la fabulosa Alhambra son la misma cosa. Para los que la vieron en todo su esplendor, esto fue el cielo en la tierra. Muchos cayeron pronto bajo el hechizo de su asombrosa belleza; sus admiradores la apodaron amorosamente "una perla engastada en esmeraldas."
Hubo una poca en que este lugar estaba engalanado con una red de cautivadores castillos, casas angelicales y jardines preciosos, y una hermosa fortaleza militar que era la envidia de los reinos vecinos. Esta no es otra que la Alhambra, que alguna vez fue tan hermosa que, muchos de aquellos que la visitaron en sus d as de esplendor, la llamaron el para so en la tierra. Hoy en d a, este hist rico conjunto se ha convertido en el escenario y la inspiraci n de una gran cantidad de libros, m sica, pel culas y otras obras de arte y literatura, como Los cuentos de La Alhambra, de Washington Irving y la joya f lmica de Marcel L'Hervier, El Dorado. Un cintur n principal de asteroides ha sido bautizado con el nombre de este lugar de leyenda.
La exquisita obra de arte sigue siendo adorada, tanto as que una campa a de 2007 atrajo al lugar una multitud calculada en 5.000 personas. All , ellos unieron sus manos y formaron un anillo de casi 5 kil metros alrededor de la espectacular fortaleza, con la esperanza de consolidar el monumento como una de las "Siete nueve maravillas del mundo." Dejando a un lado la asombrosa belleza, lo que hace de la Alhambra una de las eternas joyas cl sicas de toda Europa es el rico tapiz de historia que se despliega en las paredes del centenario para so palaciego.
La mayor a de quienes son lo suficientemente afortunados como para que sus ojos se gocen con el majestuoso complejo que es el Alc zar de Sevilla, comparten el mismo sentimiento: su belleza es indescriptible. Es un lugar que rezuma opulencia, un tipo de opulencia aderezada por la clase y el encanto hist rico, m s que por el excesivo relumbre y la ordinaria ostentaci n desplegada por los nuevos ricos. Decir que el Alc zar es adecuado para un pr ncipe sencillamente rebajar a su esplendor. Por supuesto, esto es lo que el Alc zar era exactamente, y contin a siendo, porque este fant stico complejo es la m s antigua residencia real europea todav a en uso.
La propiedad real, con 17.000 metros cuadrados de espectaculares estructuras y siete hect reas de frondosos jardines, es a n m s sublime al caer la noche. Los interminables arcos moros, y el sofisticado detalle de las torres de cuento de hadas y los lienzos murarios -desde la impactante silueta de las rectangulares almenas, rematadas por conos triangulares, a la spera, envejecida textura, y las huellas de humedad que decoloran la antigua fachada-, a n m s destacadas por las antorchas distribuidas dentro de sus l mites. Sin embargo, tras la partida de los visitantes nocturnos, los locuaces gu as tur sticos (ataviados con elaboradas vestimentas hist ricas), y hasta el ltimo de los empleados, el Alc zar, afirman algunos, se convierte en un abrumador y siniestro laberinto del que es casi imposible escapar.